NO AL ACOSO ESCOLAR (2). EL MENOR ACOSADOR Y SU FAMILIA.

Acoso a menor

 

 ¿Qué le pasa al menor acosador, agresor?

¿Qué le pasa al menor/menores que necesita humillar a otro? 

¿Qué le pasa a ese menor que necesita un grupo que le siga y le acompañe?

 

En ese GRUPO suele haber:

-un acosador dominante que no está bien y necesita ayuda psicológica para aprender a expresar y canalizar tanta humillación, agresividad, enfado y frustración. Este menor actuará así con otros menores, herman@s, animales y llegará a actuar así   también con adultos. Es un comportamiento repetitivo e intencional. Se suele sentir con derecho y legitimizado, no suele ver nada malo en lo que hace, el otro se lo merece. Está mostrando una conducta antisocial.

-otro menor, o varios, que al juntarse encuentran que se aplaude el atreverse  a pasar esos límites que por si solo no se atreverían y eso les da un subidón de    adrenalina, de sentirse importantes. Diluyen su responsabilidad al estar en grupo, y así es fácil dejarse llevar, son influenciables, quieren ser reconocidos, vistos,  “ser  parte del clan, de los guays”. No tienen porque haber vivido ninguna experiencia de abuso o  humillación con compañeros.

-otro o otros menores que tienen miedo a que les hagan eso, quizás ya se lo hicieron en el pasado y ahora están en el grupo “de los guays, son parte del clan”,  están en el lado “seguro” y quieren mantenerse ahí al coste que sea.   El miedo domina su conducta y se dejan llevar. Saben lo que es la experiencia del abuso y de la humillación con los otros. Es la ley del más fuerte, hay que sobrevivir, es la única forma que encuentra el menor para que no le vuelva a pasar, para que no se lo hagan.

 

Estos menores tienen una FAMILIA. L@s hij@s no nacen violentos, no nacen queriendo machacar, hacer daño a otro menor, esa no es la tendencia natural de un bebé, de un/a niñ@a. Un menor se convierte en acosador, no nace.

Detrás del menor que acosa hay una madre, un padre, unas madres, unos padres,  incluso puede haber unos abuelos, negadores de la realidad. SON CÓMPLICES DE LAS ACCIONES DE SU HIJ@. La familia de estos menores agresores, acosador necesitan tomar responsabilidad, no es fácil. No es fácil dejar de negar, comenzar a ver, a reconocer y pedir ayuda profesional, requiere mucha humildad, valentía y coraje. 

Defienden a su hij@ negando sus acciones y conductas, dejando de hablar a los padres (del menor acosado) que denuncian a su hij@ acosador, sintiéndose en posesión de la verdad. Castigan a la víctima de su hij@ y a su familia, les niegan el saludo, la palabra, les hacen el vacío, ponen a otros en su contra, hablan mal, se sienten por encima, con la razón, incuestinables. Es decir, pueden convertirse en maltratadores como su hij@. 

Palabras como “son cosas de niñ@s/críos”, “mi hij@ no hace esas cosas”, “con la edad se pasa”; “la vida es así, eso te hace más fuerte, más mujer, más hombre”, “le tienen envidia”, “son celos, mi hij@ es muy listo, brillante, inteligente,..”, llegando a decir “mi hij@ es perfecto”. Esa es la cortina detrás de la cual tapar todo lo que no quiero ver. Esta negación tan grande de la realidad esconde una dinámica familiar  grave que se trata de negar para mantener un equilibrio familiar falso.

 

POR FAVOR, NO CALLAR, DEJAR DE SER CÓMPLICE Y DENUNCIAR.

La familia tiene la responsabilidad y la obligación de hacer algo y responder, el centro educativo también. Es necesaria la colaboración, trabajar en equipo.

Las consecuencias de negar la realidad, de PERMITIR al menor acosador y a su séquito de acosadores seguir con ese comportamiento tiene muy graves consecuencias en sus cerebros, en su vida, en las vidas de las personas que les   rodean y a las que conocerán en el futuro.

Aquí os dejo esta entrevista a David Álvarez García, doctor en el tema del acoso escolar y profesor de la Universidad de Oviedo, basado en la ponencia sobre  prevención del acoso escolar en las jornadas sobre investigación en psicológia educativa organizadas por la Universidad de Coruña.

“Es más grave y problemático el trato con las víctimas, que puede dar lugar  a situaciones más graves; si no se aborda convenientemente a la víctima, se puede suicidar. El agresor, en cambio, puede llegar a consolidar su conducta antisocial y trasladar la violencia a otros ámbitos, como el doméstico.”

La opinión Coruña